Estado de la cuestión
El objetivo de esta publicación es exponer el estado de la
cuestión correspondiente al tema de estudio, es decir, la narrativa de
F. Scott Fitzgerald entre 1920 y 1931. Este ejercicio supone estudiar en qué
estado se encuentra la crítica literaria respecto del autor que nos ocupa, pero
teniendo en cuenta que Fitzgerald es un artista ampliamente conocido, perteneciente a la generación perdida,
como comúnmente se conoce a los escritores nacidos entre 1895 y 1900, que ha
sido estudiado, debatido y comentado hasta la saciedad, encontrar demasiadas críticas resultó
complicado. Es por eso que, a continuación, presentaré unas pocas visiones
críticas, no sin antes advertir que algunas pueden parecer vetustas aunque
igualmente valiosas, y que la mayoría se enfoca en las grandes y populares
novelas de Fitzgerald: El gran Gatsby y A este lado del
paraíso.
Es
pertinente empezar con un artículo compilatorio de las críticas “más
importantes” que, hasta comienzos de la década de los 50, había recibido la
obra de Scott Fitzgerald. Este texto, llamado The Critics and
Fitzgerald, escrito por Charles Jackson y publicado en The New York Times
en 1951, relaciona varias críticas, entre las que encontramos las siguientes:
“Margaret Marshall,
in The Nation in 1941, calls Fitzgerald's "a fair-weather talent" and
says that "Tender Is the Night" is "a confused exercise in
self-pity"; Arthur Mizener says of the same novel that it "remains
his most brilliant book... It's scope is such as to make 'The Great Gatsby'
seem small and simple." On receiving the manuscript of "The Great
Gatsby," Maxwell Perkins of Scribner's, in an excited and exciting letter,
writes to Fitzgerald of "the general brilliant quality of the book... full
of phrases which make a scene blaze with life," winding up with: "You
once told me you were not a natural writer-my God! You have plainly mastered
your craft, of course; but you needed far more than craftsmanship for
this"; while H.L. Mencken says "The Great Gatsby" is "in
form no more than a glorified anecdote, and not too probable at that," calls
Gatsby "a bounder" and "clown," speaks of the story's
"basic triviality" and that it is "a far inferior story at
bottom" to "This Side of Paradise.” (Jackson, 1951)
Sin
embargo, la riqueza de este artículo radica en que, después de analizar la
opinión de otros críticos (o, más bien, entre ese análisis), el mismo Jackson
pone de presente una duda importante respecto de qué queda por hacer con tantos
juicios tan dispares respecto de la misma materia, para terminar respondiendo
que la solución es tomarlos como vengan, sopesar las contradicciones y formarse
conclusiones propias. “Or better yet”, continúa diciendo, “turn from them to
what really matters, the living novels themselves”, puesto que considera que,
sin importar qué tan brillante pueda ser el trabajo crítico, a veces desconoce
la delicada naturaleza del proceso creativo.
Un
tema importante, latente siempre en cualquier discusión que tenga por
protagonista a F. S. Fitzgerald, es el antisemitismo. Artículos como The Passing of Jay
Gatsby: Class and Anti-Semitism in Fitzgerald’s 1920s America, escrito por
Michael Pekarofski y publicado en The F. Scott Fitzgerald Review, manifiestan
que las expresiones nacionalistas y las inquietudes raciales no son un asunto
únicamente fitzgeraldiano, sino que, de hecho, permean toda la literatura
americana de la época. Pekarofski recuerda a Walter Benn Michaels, y dice:
“Analyzing pivotal
Works by authors such as Fitzgerald, Hemingway, Cather, and Faulkner, Walter
Benn Michaels, in Our America:
Nativism, Modernism, and Pluralism (1995), argues that this period in
American literature is marked by questions centered around national identity,
an identity that can be seen as a response to post-Reconstruction and to the
nation’s largest influx of Southern and Eastern European immigrants, whose ethnic
otherness represented new challenges to a racially defined sense of nationality.”
(Pekarofski, 2012)
Esto
nos recuerda que la Jazz Age no
se limita a ser un momento marcado por el jazz, el baile y la bonanza
económica, sino que además se trata de la queda época post-guerra, que no sólo
suscitó un afán de goce o disfrute de la vida, de reconstrucción pacífica, sino
que también despertó inquietudes y visiones políticas que afectaron la
literatura de la época.
Escritos
como el de Milton Hindus, F. Scott Fitzgerald
and Literary Anti-Semitism: A Footnote on the Mind of the 20’s, publicado
el primero de junio de 1947, dirigen el foco de una forma más precisa hacia el
posible antisemitismo de El Gran Gatsby.
Hindus comienza expresando que la novela que nos ocupa, una sátira trágica de
la civilización americana en la que los personajes representan en alguna medida
las clases sociales a las que pertenecen, es excelente, pero advierte que el
personaje de Meyer Wolfsheim, el judío amigo de Jay Gatsby, debe ser observado
con cuidado. Inicia describiéndolo así: “The jew who appears in The Great
Gatsby is not the villain of the piece, but he is easily its most
obnoxious character”. Wolfsheim es, de hecho, un hombre
desagradable, suspicaz, de habla peculiar y tramposo. A pesar de esto, y de lo
antitético que resulta frente a la figura del protagonista, Hindus no duda ni
un instante que, conforme a lo que el personaje afirma hacia el final de la
obra, sea él quien “hizo” a Jay Gatsby, puesto que fue quien ‘arregló’ el
asunto de la 1919
World Series (haciendo referencia al nefasto y escandaloso fraude del
béisbol de los Black
Socks de ese año). Pero su análisis respecto del posible antisemitismo
no se detiene ahí: continúa con los nuevos sirvientes de Gatsby, aquellos que
reemplazan al viejo servicio cuando su patrón decide despedir casi a todos los
trabajadores de la casa, pues son familiares de Wolfsheim que resultan aún más
antipáticos que éste. Incluso después de la muerte de Jay, Fitzgerald no
permite a Wolfsheim (a quien Edith Wharton considera “el perfecto judío”,
reforzando la idea de que este personaje es un arquetipo de judío de la época)
un ápice de redención: este judío, incluso entonces, despliega un
comportamiento desconsiderado. Aunque sea un tema de época, Hindus considera
que Fitzgerald deja “al aire” ese prototipo de judío, y no le proporciona una
compensación o equilibrio que dote al pueblo judío de una visión más
equilibrada. Sin embargo, no lo considera ni malo ni bueno:
“The combination of
these diverse causes and the artificiality and indirectness of some of them are
what give to this anti-Semitism a certain unreality. There is a
literary quality about it—as if the writers were not thinking of real,
everyday, complicated, living Jews, but of an inherited image of them.
Bleistein with a cigar, Sir Ferdinand Klein, Rachel née Rabinovitch,
“free-thinking Jews,” and Meyer Wolfsheim are abstractions in modern dress. The
anti-Semitism is imitative rather than originally felt, as if the writer for
the moment became his own ancestor.” (Hindus, 1947)
Es
decir, para Milton Hindus, el antisemitismo de Fitzgerald es banal, superficial:
“I
shall grant that Fitzgerald is writing a satire, and that some of the
non-Jewish characters are even harder hit than the Jew is. The Great
Gatsby is nothing so simple as a piece of propaganda against the Jews.
If it were, that would have been pointed out long ago. But
anti-Semitism is a component part of the novel. It is not the mad
anti-Semitism we find in Ezra Pound. Nor is it the kind of anti-Semitism
we find in Dostoevski.
Fitzgerald’s is
the fashionable anti-Semitism of the 1920’s, of the sort we
find in T. S. Eliot at the same period.” (Hindus, 1947)
En
el mismo sentido, afirma:
“As to the quality
of this philosophy, the evidence justifies our applying to Fitzgerald the
statement from Goethe’s sympathetic obituary on Byron: “sobald er
reflektiert ist er ein Kind.” As soon as he begins to think he becomes
a child. His cartoon of the Jew is the product of this
thoughtlessness, though it surely is far from systematic anti-Semitism.”
(Hindus, 1947)
Otro
punto que ha sido tema de crítica es la fiabilidad de Nick Carraway, el
narrador de El
gran Gatsby. Taylor S. Murtaugh, en Why We Believe Nick
Carraway: Narrative Reliability & American Identity in The Great
Gatsby, planteó, en el 2013, que hasta la década de los 60 no se dudó un ápice
de la confiabilidad de la voz de Carraway como narrador. Después de hacer
vastas consideraciones alrededor de temas de estilo e intención, Murtaugh
expone que, para algunos críticos, Nick Carraway es un narrador poco confiable,
mientras que para otros, en cambio, su objetividad no sólo tiene una
explicación sólida (basada en la poca incidencia de su actuar en la historia),
sino que no debería ponerse en duda teniendo en cuenta dos cosas: primero, que
les resulta claro que la intención de Fitzgerald no hacer de su narrador uno
dudoso; y, segundo, que la figura de Gatsby como un personaje admirable (aunque
muy humano) se vendría al piso al dudar de Carraway, y en consecuencia la
novela misma también.
¿Y
qué hay de nuestra época? Además de periodistas que intentan develar la
verdadera naturaleza de la relación entre Zelda y Scott Fitzgerald, posturas
reforzando el carácter e importancia de la primera, artículos en las secciones
de cultura elogiando hasta el hastío a Fitzgerald, poco queda del espíritu
crítico que se aproximaba a Fitzgerald. Pero aunque ahora no hay mucho más que
aquello que ha dicho la academia, ésta se ha manifestado respecto de Fitzgerald
en ricas y a veces complejas interpretaciones y reinterpretaciones de la obra
que definitivamente vale la pena ver.
Para
finalizar, quisiera recordar la opinión de Gertrude Stein, novelista americana
y coleccionista de arte (entre otras muchas más cosas) con quien figuras como
Fitzgerald y Hemingway (además de artistas como Picasso) tuvieron contacto: writers don’t need
criticism, they need appreciation.

Comentarios
Publicar un comentario